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Escritura y tradiciones humanas

Arminio sostiene la autoridad suprema de la Escritura y rechaza que las tradiciones humanas se conviertan en norma igual o superior. La Iglesia enseña, resume y discierne, pero no puede coronar sus costumbres como si fueran voz divina sin examen. Eso sería ponerle toga de apóstol a lo que apenas llega a acta de comité.

Desarrollo

La tradición tiene un lugar histórico y pedagógico. Ayuda a conservar memoria doctrinal y a ordenar la vida eclesial. Pero su autoridad es derivada. La regla última y vinculante es la Escritura inspirada.

Arminio objeta tanto la hipertrofia de la tradición como la pretensión de cualquier instancia eclesiástica de imponer interpretaciones sin prueba bíblica suficiente. Ningún concilio, padre o pontífice puede cancelar el deber de examinar las doctrinas a la luz de la Palabra.

Esto no es anarquía individualista. Es libertad responsable en el marco de una Iglesia que escucha la Escritura y argumenta a partir de ella. La verdad debe ser probada, no simplemente heredada como mueble antiguo con polvo doctrinal.

Claves doctrinales

Referencia de consulta

Vol. 2, “Scripture and Human Traditions”, p. 338; Vol. 1, Oration III on the authority of Scripture.

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