Claves doctrinales
- La regeneración no es mera reforma exterior, sino nuevo nacimiento.
- La santificación sigue a la unión con Cristo y a la justificación.
- Las buenas obras son fruto de la vida nueva, no causa meritoria de la aceptación divina.
Libro II · Gracia y respuesta humana
La regeneración es obra del Espíritu por la cual el creyente recibe nueva vida; la santificación es el proceso continuo en el que esa vida se expresa en obediencia, amor y mortificación del pecado. La gracia no solo perdona, también transforma.
La regeneración es obra del Espíritu por la cual el creyente recibe nueva vida; la santificación es el proceso continuo en el que esa vida se expresa en obediencia, amor y mortificación del pecado. La gracia no solo perdona, también transforma. En esta página el tema es presentado con intención pedagógica, procurando conservar el eje doctrinal, pastoral y bíblico con el que fue desarrollado en los tratados y disputaciones correspondientes.
Primero, conviene notar que la regeneración no es mera reforma exterior, sino nuevo nacimiento. Esta observación evita una lectura reducida del tema y ayuda a situarlo dentro de una teología más amplia, donde la doctrina siempre guarda relación con la adoración, la vida cristiana y la obra de Cristo.
Además, la santificación sigue a la unión con Cristo y a la justificación. De ese modo se preserva el equilibrio entre la iniciativa divina y la respuesta humana, entre verdad revelada y aplicación espiritual, y entre el carácter objetivo del Evangelio y su recepción personal.
Por último, las buenas obras son fruto de la vida nueva, no causa meritoria de la aceptación divina. Esta combinación de elementos impide que la doctrina se vuelva una máquina fría de abstracciones. La teología, en este enfoque, sigue oliendo a Biblia abierta, conciencia despierta y discipulado concreto.
Cada referencia se abre en una nueva pestaña en Bible Gateway, versión Reina-Valera 1960.
Vol. 2, Disputation XLIX, p. 91; Vol. 2, Certain Articles, “On Regeneration and the Regenerate”, p. 359; “On the Good Works of Believers”, p. 364.