Claves doctrinales
- La voluntad de Dios debe distinguirse según sus modos y objetos.
- Dios manda el bien y no es autor del pecado que permite.
- La voluntad salvífica se comprende en relación con Cristo y con el llamado al arrepentimiento.
Libro I · Dios
La voluntad divina ocupa un lugar central en el sistema teológico de Arminio, pero no se la debe convertir en una máquina opaca que devora toda distinción moral. Dios quiere, manda, permite y promete con sabiduría, justicia y bondad, sin que ello lo vuelva autor del pecado.
Arminio distingue entre diversos modos de hablar de la voluntad de Dios. No toda voluntad divina se refiere del mismo modo al mismo objeto. Está la voluntad por la cual Dios manda el bien, la voluntad por la cual permite ciertos hechos, la voluntad por la cual promete recompensas y la voluntad por la cual decreta su plan redentor en Cristo.
Estas distinciones tienen una función pastoral y doctrinal muy importante. Protegen la santidad de Dios y permiten hablar con precisión del pecado, de la providencia y de la responsabilidad humana. Si todas las formas de voluntad se mezclan en una sola sopa indescifrable, terminamos culpando a Dios de aquello que su palabra condena.
En la economía de la salvación, la voluntad de Dios se muestra especialmente en su beneplácito de salvar a los creyentes en Cristo y de mandar a todos al arrepentimiento y a la fe. Esa voluntad revelada debe gobernar la predicación y la vida devocional.
Cada referencia se abre en una nueva pestaña en Bible Gateway, versión Reina-Valera 1960.
Vol. 2, Disputations XVIII–XIX, “On the Will of God” and “Various Distinctions of the Will of God”, pp. 30–31.
Palabras clave para el buscador
voluntad de Dios permiso mandato beneplácito decreto revelación