Claves doctrinales
- Cristo es el fundamento y el ámbito de la elección.
- La elección tiene como horizonte la salvación de creyentes y no la condenación arbitraria de réprobos.
- El decreto se entiende en armonía con el Evangelio anunciado a todos.
Libro III · Predestinación
La elección es cristocéntrica. Dios decreta salvar en Cristo a los creyentes. Por ello, la elección no es concebida como una selección desnuda de individuos aparte del Mediador, sino como el propósito divino de salvar a quienes están unidos a Cristo por la fe.
La elección es cristocéntrica. Dios decreta salvar en Cristo a los creyentes. Por ello, la elección no es concebida como una selección desnuda de individuos aparte del Mediador, sino como el propósito divino de salvar a quienes están unidos a Cristo por la fe. En esta página el tema es presentado con intención pedagógica, procurando conservar el eje doctrinal, pastoral y bíblico con el que fue desarrollado en los tratados y disputaciones correspondientes.
Primero, conviene notar que cristo es el fundamento y el ámbito de la elección. Esta observación evita una lectura reducida del tema y ayuda a situarlo dentro de una teología más amplia, donde la doctrina siempre guarda relación con la adoración, la vida cristiana y la obra de Cristo.
Además, la elección tiene como horizonte la salvación de creyentes y no la condenación arbitraria de réprobos. De ese modo se preserva el equilibrio entre la iniciativa divina y la respuesta humana, entre verdad revelada y aplicación espiritual, y entre el carácter objetivo del Evangelio y su recepción personal.
Por último, el decreto se entiende en armonía con el Evangelio anunciado a todos. Esta combinación de elementos impide que la doctrina se vuelva una máquina fría de abstracciones. La teología, en este enfoque, sigue oliendo a Biblia abierta, conciencia despierta y discipulado concreto.
Cada referencia se abre en una nueva pestaña en Bible Gateway, versión Reina-Valera 1960.
Vol. 2, Disputation XL, p. 75; Vol. 1, Declaration of Sentiments, “My Own Sentiments on Predestination”, pp. 169–170.