Claves doctrinales
- La Escritura obra con eficacia real por el Espíritu Santo.
- Su acción incluye enseñanza, reprensión, exhortación, consuelo y amenaza.
- La Palabra es medio perfecto de formación y juicio en la vida presente.
Libro I · Fundamentos
La Palabra de Dios no es una letra muerta. Enseña, reprende, exhorta, consuela y amenaza, obrando por el Espíritu en el entendimiento y en los afectos. No es un ladrillo decorativo para estanterías piadosas, sino instrumento vivo para juzgar, sanar y formar al creyente.
Cuando Arminio habla de la eficacia de la Escritura insiste en que la Palabra obra realmente en el ser humano. Su eficacia no es autónoma ni mágica, porque siempre debe pensarse junto con la operación del Espíritu Santo. Pero tampoco es un simple disparador preliminar que luego queda inútil.
La Escritura enseña lo verdadero y refuta el error. Exhorta al bien y reprende el mal. Consuela al contrito y aterra al soberbio. Su eficacia es a la vez formativa y judicial. Por ella el ser humano queda puesto delante del tribunal de Dios.
Esta visión evita dos extremos. De un lado, la reducción racionalista que ve la Biblia como un archivo informativo. Del otro, el entusiasmo desordenado que desprecia la letra bíblica como si todo dependiera de una supuesta voz interior superior. Arminio no compra ninguna de esas baratijas.
Cada referencia se abre en una nueva pestaña en Bible Gateway, versión Reina-Valera 1960.
Vol. 2, Disputation X, “On the Efficacy of the Scriptures”, p. 18.
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